La Gerencia Regional de Salud del Cusco y otras regiones del país, desde hace varias semanas, han enviado muestras identificadas como Influenza A H3N2. Estas deben ser tipificadas para confirmar si corresponden o no a la variante K. Esta tarea compete al Ministerio de Salud (MINSA) y, específicamente, al Instituto Nacional de Salud (INS). Sin embargo, hasta la fecha no se habrían recibido los resultados en el sistema de laboratorios, según refirió el reconocido epidemiólogo y profesor universitario Pablo Grajeda.
Por tanto, el Ministerio de Salud estaría incumpliendo sus funciones en el diagnóstico oportuno de la nueva Influenza A H3N2 variante K. En consecuencia, también incumpliría la vigilancia epidemiológica y laboratorial necesaria frente a esta enfermedad. Una adecuada vigilancia permitiría realizar un monitoreo periódico y continuo. Se podría hacer seguimiento y evaluación del comportamiento, diseminación y transmisibilidad de esta nueva variante en el tiempo y según la estacionalidad. Esta información ayudaría a planificar mejor cómo enfrentar esta amenaza de salud pública durante el invierno en Cusco y en el país. Mientras tanto, es probable que la nueva variante ya esté circulando en las calles del Cusco y del Perú.
Esta variante tiene una letalidad similar a la Influenza A tradicional, aunque presenta una mayor transmisibilidad. De allí la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica de forma permanente y continua. Si los resultados para identificar la nueva variante K no se obtienen de manera oportuna, se suma otro problema: la toma insuficiente de muestras para mapear y seguir la diseminación de la enfermedad.
Actualmente, las muestras se recogen solo en unidades centinelas, en promedio tres establecimientos de salud por región. Sería necesario evaluar si todas cumplen adecuadamente su función y si están recolectando las muestras necesarias. Este proceso no solo debe identificar la presencia de la variante K en provincias o distritos, sino también permitir evaluar su transmisión y propagación.
No basta con anunciar la adquisición de la vacuna contra la Influenza A H3N2, que llegaría en febrero. Aún no se conoce si esta vacuna tiene especificidad frente a la variante K en el contexto internacional. Por ello, mantener una vigilancia epidemiológica y laboratorial adecuada resulta esencial para evaluar el impacto potencial de esta nueva variante durante el invierno.
Grajeda comparó la vigilancia con «pilotar un avión», donde observar los instrumentos permite detectar irregularidades y corregir a tiempo para garantizar un buen destino. Según el epidemiólogo, no debería generarse alarma excesiva. Esto se debe a que el impacto de esta variante podría ser similar al de la pandemia de la Gripe Porcina o la Influenza A H1N1 de 2009. Sin embargo, insistió en la necesidad de una vigilancia apropiada. Especialmente en grupos de riesgo, donde la vacunación es obligatoria.
A la fecha, no se conoce un plan integral y multisectorial elaborado por el MINSA para enfrentar la nueva Influenza A H3N2 variante K. También existe la posibilidad de una nueva mutación del virus en el tiempo, que podría aumentar o disminuir su letalidad. «Exigimos que el Instituto Nacional de Salud realice la transferencia tecnológica para el diagnóstico de la variante K en Cusco y asigne los recursos necesarios. Porque tenemos profesionales capacitados», señaló Grajeda.
Mientras tanto, el especialista advirtió que existen otros problemas graves que el sistema de salud no atiende adecuadamente, como la prevención de enfermedades crónicas, degenerativas y la anemia infantil. «Hablar de una reforma sanitaria en el sector salud es una quimera, solo presente en la mente de los altos directivos. Quienes no parecen tener idea de cómo hacerlo ni voluntad política para ejecutarlo», finalizó el epidemiólogo.






















