Anta: Alertan que fabricar ANFO pone en riesgo a la población del distrito

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Empiezan a oponerse a una petroquímica en Cachimayo.

Luis Hilgert, ingeniero con 40 años de experiencia en manejo de explosivos, advierte que el riesgo es real. La planta de Cachimayo, instalada en los años 60 para producir nitrato de amonio con fines agrícolas, fue adquirida por un grupo industrial que incorporó la fabricación de explosivos. Hoy produce unas 3 mil toneladas mensuales de nitrato de amonio y tiene capacidad para fabricar hasta 20 mil toneladas anuales de explosivos.

“Está dentro del casco urbano: a 2 km de la estación de tren de Poroy. Tener una planta de explosivos cerca de una ciudad no es recomendable. A nadie se le ocurre poner una fábrica a 10 kilómetros del Vaticano”, afirma Hilgert.

El especialista señala que existen antecedentes contundentes:

  • Beirut, 2020: casi 3 mil toneladas de nitrato de amonio explotaron, dejando más de 200 muertos y destruyendo gran parte de la ciudad.
  • Ghana, 2022: un camión con 10 toneladas de ANFO explotó tras un accidente, matando a casi 100 personas.

En Cusco, la producción anual supera ampliamente las 30 mil toneladas de nitrato de amonio. “El riesgo no está solo en la planta —explica Hilgert—, sino también en el transporte. Camiones cargados con hasta 25 toneladas de emulsiones explosivas cruzan zonas pobladas y turísticas. Un accidente así tendría una potencia destructiva 50 veces mayor que el atentado de Tarata”.

El especialista considera que la planta debería estar a al menos 50 km de cualquier núcleo urbano. Recuerda que en otros países esta distancia es una exigencia mínima para proteger a la población y su patrimonio, especialmente cuando se trata de ciudades históricas.

El ingeniero es claro: “Puede ser que la probabilidad sea una en un millón, pero basta con que ocurra una vez. Ya en los últimos 20 años ha habido decenas de explosiones en plantas de este tipo. El patrimonio cultural no se puede reconstruir”.

Debate sobre el gasoducto y la petroquímica

La posición del especialista parece ser el inicio de una campaña contra la planta petroquímica que se plantea en la zona y que sería abastecida con el gas de Camisea. De este modo, surge otro intento de cuestionar el gasoducto que diversos sectores de la sociedad civil cusqueña exigen para lograr el desarrollo industrial de la región.

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