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domingo, febrero 23, 2020

Mate al corazón de todos los peruanos

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Muerte de Man Bok Park

Se despidió más de una vez, pero nunca se quiso ir de Perú, y murió a los 83 años en nuestra tierra a la que amaba como suya. En la década del 80, Man Bok Park, al mando de las chicas de oro de la selección de vóley, alegró e hizo recobrar la esperanza a un país que vivía una dura época por la grave crisis económica y el demencial terrorismo.

«Manos morenas seguras se elevan y punto…», se escuchaba en cada mate, en cada triunfo peruano. Y en todas esas escenas aparecía Mister Park, enfundado en el buzo de la selección. Su rostro imperturbable parecía disimular las estrategias que elaboraba para derrotar al rival de turno.

Man Bok Park había nacido en el puerto surcoreano de Sokcho. Fue sargento en el Ejército de su país, se graduó como químico farmacéutico y, finalmente, abrazó la carrera que lo volvería eterno en el corazón de los peruanos. A finales de los 70 reemplazó al querido y carismático japonés Akira Kato, el primer forjador de nuestro vóley con Lucha Fuentes y Pilancho Jiménez como emblemas.

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Sin embargo, el surcoreano, resistido en un principio por la afición, marcó el punto de quiebre en lo que significó el mayor logro en la historia del deporte peruano: la medalla de plata en las Olimpiadas Seúl 1988.

Ya había dado aviso en 1981 con el subcampeonato mundial de vóley juvenil en México. Y un año después con el subtítulo mundial de mayores en Lima.

Fue el padre de la época de oro del vóley y de todas esas chicas que bajo su disciplina oriental consiguieron los mayores lauros para nuestra Patria. Su exigencia las hizo mejores en todos los aspectos de su vida. Hoy lo despiden con el amor que profesan las hijas a sus padres.

Gaby Pérez del Solar fue su obra maestra, la convirtió en una máquina de anotar puntos frente a la net. Cecilia Tait fue un prodigio de la naturaleza, a la que potenció física y mentalmente hasta convertirla en la mejor voleibolista del mundo.

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En 1988 la crisis económica se convertía en una interminable pesadilla. El terrorismo, por su parte, se hacía presente con asesinatos selectivos, coches bomba y los cotidianos apagones. En ese contexto desesperanzador emergieron las chicas del vóley. Su coraje, su grandiosa calidad  y la luz de sus éxitos marcaron a una generación que las venera.

Coincidencia del destino, Man Bok Park perdió el último set de su vida a tres días de conmemorarse los 31 años de la obtención de la medalla de plata en Seúl 1988. Sobre esa hazaña, Cecilia Tait cree que ese día perdimos la presea de oro, muchos pensamos lo mismo, aunque nos duele admitirlo.

Man Bok Park nos llevó a la final de las olimpiadas en el país que lo vio nacer. Dejó en el camino a Brasil y venció en dramáticas definiciones al campeón vigente: China, y a la poderosa Estados Unidos.

Su prueba de fuego sería ante Japón, y ganaron 3 a 2 en un partido épico. «Manos morenas seguras se elevan y punto…», seguía escuchando un país que empezó a levantarse en las madrugadas para mirar por televisión y alentar a la distancia a las chicas que hacían historia desde la lejana Seúl.

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Nos acostumbramos a las remontadas milagrosas ante rivales hasta hace poco insuperables. Los saltos de felicidad de Cecilia Tait, Gaby Pérez del Solar, Denisse Fajardo y las otras chicas se convertían en una feliz postal.

El último rival para alcanzar la gloria era la Unión Soviética. Empezamos ganando con facilidad los dos primeros sets. Y con el tercero empezó el derrumbe. Perú lo ganaba por 12 a 6, ¡y aún no sabemos realmente que ocurrió! Las soviéticas terminaron ganando el último y definitivo set por 17 a 15.

Todo el Perú lloró ese día junto a las chicas del vóley, su llanto y su inmenso dolor también fue nuestro. Ese amanecer fue, tal vez, uno de los más tristes en la historia deportiva del país. La gente caminaba desolada rumbo a sus centros de trabajo. Sin embargo, no hubo reproches, solo admiración y amor para las chicas de Man Bok Park. En nuestros corazones habían ganado la medalla de oro.

«Yo perdí. Ganábamos 2 a 0 y perdimos el tercer set, pero me parece que…, sí duele, porque todavía lo recuerdo. Tengo 80 años, pero todavía no lo puedo olvidar», recordaba el entrenador hace tres años, con llanto y lamento interminables.

Man Bok Park era un tipo duro, pero ese día lloró y lloró… Y no dejó de hacerlo, cuando las 12 voleibolistas se plantaron frente a él y le colocaron en su cuello las medallas de plata que habían conquistado. 

La inolvidable campaña de Man Bok Park hizo vibrar y llorar de emoción a todos los peruanos. Ayer, la noticia de su muerte nos cayó como un mate al corazón. Y, nuevamente, fue el responsable del llanto de una nación que le agradece las alegrías y la felicidad dadas en una época trágica.

¡La plata fue tuya en Seúl 1988 y el oro del cielo te espera ahora, Man Bok Park! Y como le prometiste a Natalia Málaga: «Es tiempo de volar».   

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