Escribe Arturo Castañeda Liñán *  

La medicina tradicional de la Amazonía puede desempeñar múltiples funciones terapéuticas de purificación, regeneración, fortalecimiento y rejuvenecimiento del organismo y de la sangre y, simultáneamente, del sistema nervioso y, por ello mismo, producir las más poderosas medicinas naturales no tóxicas y generar la mayor economía no depredatoria del mundo.    

Diversos estudios botánicos consideran que en la selva amazónica, la más grande selva existente, hay unas doscientas mil especies botánicas, de las cuales no se ha estudiado ni experimentado médica y científicamente ni siquiera el uno por ciento. Unos pocos ejemplos pueden mostrarnos la gran riqueza medicinal de la flora amazónica para curar de enfermedades que son incurables para la ciencia médica oficial farmacológica y quirúrgica:   

Hay una planta depurativa de las vías digestivas que al mismo tiempo es tónica, por lo cual regenera y fortalece grandemente el cuerpo y otorga una mente lúcida; elimina toda clase de parásitos intestinales y cura de la drogadicción, del alcoholismo, del tabaquismo, de la tuberculosis aun avanzada y del autismo en los niños. Otra: la mucosidad retenida en los órganos digestivos y en la sangre, es un veneno común que causa graves enfermedades degenerativas y crónicas, y es imposible de extraer para la medicina oficial y muy difícil para la mayoría de las medicinas naturales, pero una planta amazónica puede extraer del organismo medio litro de mucosidad pestilente en un día. Hay una planta que neutraliza la violencia emocional, de la que padece la totalidad de los seres humanos, y es la principal causa de enfermedades psicosomáticas, y que puede ser fundamental para la armonía familiar y social y especialmente útil en el tratamiento y regeneración psicológica de delincuentes. Hay una planta que da la fertilidad a las mujeres, otra que la suspende y otra que la devuelve. Hay plantas que dan una gran vitalidad física, digestiva, mental y psíquica, dan alegría e incrementan la capacidad de trabajo y de esfuerzos físicos. Hay una planta que agranda el pene y otra que encoge la vagina. Hay una planta que da la inspiración de la pintura mágica. Hay una planta que neutraliza el envenenamiento y el dolor producidos por la mordedura de víboras y que también puede curar los cánceres que comienzan con úlceras. Hay una planta que produce abundancia de leche materna hasta en una anciana. Hay una planta que detiene el envejecimiento. Hay plantas para curar de la primera causa de muerte en el mundo: las enfermedades cardiovasculares. Hay plantas para curar de la diabetes, la artritis, la arteriosclerosis, la osteoporosis, el alzheimer, las hernias sin necesidad de cirugía. Hay una planta que purifica la sangre, desinflama todo el organismo, es regeneradora celular y antiviral y al mismo tiempo fortalece el sistema inmunológico, lo que la hace una de las más poderosas medicinas naturales para curar de una gran variedad de enfermedades degenerativas y crónicas e inmunizarnos contra epidemias y pandemias. Hay una planta que hace rebrotar los dientes perdidos incluso en los adultos. Hay varias plantas que son poderosas regeneradoras de la energía sexual, que curan del debilitamiento general y la impotencia. Hay una planta que enseña el conocimiento y el manejo de las estructuras óseas, sus debilitamientos y fracturas. Hay una planta que tiene a la vez diversas y extraordinarias propiedades terapéuticas ―como muchas otras amazónicas: cura del cáncer, es tónica y fortalece el cuerpo y el sistema nervioso; elimina toda clase de energías psíquicas nocivas producidas por posesión demoníaca o de entidades maléficas telúricas, del bajo astral, de duendes o fantasmas, y cura de la brujería y la locura y da “buena suerte”.   

Hasta ahora he identificado más de veinte plantas amazónicas que curan de la segunda causa de muerte en el mundo: el cáncer, en muchos casos aun en metástasis y después de fracasados tratamientos con cirugía, radioterapia y quimioterapia.  Respecto a esto, hay una planta que disuelve y elimina toda clase de tumores benignos y malignos de cualquier parte del cuerpo y al mismo tiempo que elimina el tumor cura del cáncer, sin cirugía ni quimioterapia. Y hay otra planta de propiedades extraordinarias: es un poderoso anestésico que calma los peores dolores y a la vez regenera el hígado, ambas funciones esenciales para el tratamiento de todos los tipos de cáncer; y es útil para los dolorosos cólicos nefríticos.   

Existen igualmente numerosas plantas “maestras” o de conocimiento psíquico y espiritual que abren las puertas de otros universos: enseñan a tener grandes poderes psíquicos, o mágicos, de sanación integral, de asombrosas realizaciones materiales y espirituales, ver el pasado y el futuro, lo que hay dentro de la tierra, lo que está al otro lado del mundo y dentro de la dimensión secreta del agua en los ríos y los lagos, y volvernos vigorosos, poderosos en cuerpo, mente y alma e invencibles contra toda clase de enemigos humanos o de espíritus malignos.   

La medicina tradicional amazónica es inmensamente superior a la medicina oficial, farmacológica y quirúrgica de Occidente: ésta mutila y daña definitiva e innecesariamente el cuerpo, sus medicinas farmacológicas no curan, sólo “tratan” las enfermedades, reprimiendo o desviando sus síntomas y haciendo maliciosamente crónicas las enfermedades, y aunque sean recetadas y aplicadas correctamente por médicos, siempre tienen efectos secundarios nocivos y a menudo mortíferos (las enfermedades iatrogénicas) y existen para ella numerosas enfermedades “incurables”. Para la medicina tradicional amazónica ninguna enfermedad es incurable pues cura al mismo tiempo el cuerpo y el alma: limpia, regenera, fortalece, equilibra y rejuvenece el organismo y el sistema nervioso y nos otorga las más altas funciones y poderes físicos, psíquicos y espirituales, todo lo cual sobrepasa en todos los sentidos la racionalidad, la investigación y la experimentación médica y científica de la civilización occidental contemporánea.   

Un sistema terapéutico que proporcione numerosas y poderosas medicinas naturales no tóxicas y de amplio espectro, que no envenene el organismo ni necesite la mutilación de los órganos y cure y fortalezca al mismo tiempo el sistema nervioso de sus peores deformaciones psíquicas, es una ciencia médica en el más alto y amplio sentido de la palabra, que puede competir muy ventajosamente con las más grandes empresas farmacéuticas, ahora ya denunciadas por todo el mundo como organizaciones criminales y multadas en varios países con billones de dólares.   

La mayor riqueza del mundo no está en el petróleo, el gas, el oro, la madera, pues son recursos perecibles: está en la selva amazónica. Trabajada ecológicamente, la Amazonía puede ser el más grande reservorio de riquezas medicinales renovables y el más grande emporio de desarrollo económico y de riqueza. Y a la vez, la agricultura medicinal ecológica puede conservar viva y floreciente la más grande selva y la segunda fuente de oxígeno y vida en nuestro cada vez más depredado y contaminado planeta.   

La nueva farmacia del mundo está en la selva amazónica. Ya hace siglos que el Perú lo ha demostrado con la producción de la corteza del árbol de la quina, de la que se ha elaborado la quinina, que sigue desde entonces salvando la vida de millones de seres humanos en todo el mundo. Pero ahora, en el siglo XXI, es necesario asumir una radical revalorización de las inmensas riquezas de la Amazonía y, en consecuencia, de un nuevo y formidable desarrollo científico, médico, económico y social de América del Sur y del Perú.   

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         * Arturo Castañeda es escritor, investigador, conferencista y educador sanitario; ha publicado 9 libros ―obras poéticas, filosóficas y espirituales―; conduce un jardín botánico de plantas medicinales amazónicas en Kosñipata, la selva oriental de Cusco.