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domingo, septiembre 27, 2020

Un fantasma recorre el Cusco

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Por Tino Santander Joo

El domingo a las tres de la tarde me llamo David Ugarte para decirme que Ricardo Valderrama, había muerto. La noticia me impresiono mucho, porque hace una semana partió Jorge Flores, otro gran maestro de las juventudes universitarias. Ricardo Valderrama, era un brillante antropólogo, científico social comprometido con la cultura, el desarrollo y el hombre andino. Fue un magnifico docente, leal, limpio y, comprometido con la defensa del patrimonio. No tengo palabras para expresar mi pena, angustia por su familia.

Hable con él en enero pasado, me cito a su despacho de la alcaldía luego de escucharme en el programa radial de Washington Alosilla, con quien conversábamos sobre el patrimonio y el caos vehicular en la ciudad imperial. Fue una charla de más de dos horas en las que hablamos de antropología, nos burlamos de amigos comunes, recordamos los tiempos del patio de los lagartos en la universidad y, hablamos de su gestión como alcalde interino.

Ricardo, era un intelectual que hubiese sido un magnifico embajador de la municipalidad del Cusco en Europa. Le sugerí organizar el patronato de la ciudad y que él debía viajar a conseguir fondos para la ciudad, incluso hablamos con varios amigos comunes españoles que estaban en posiciones de gobierno y que podían ayudarnos con una serie de empresas y eventos en que resaltara la magnificencia de la ciudad imperial. Le suplique que abandonara la administración municipal que era un lío de cuervos y serpientes anhelan conquistar un pequeño poder en la burocracia.

Ricardo, me miro a los ojos y me dijo: “¿estás seguro de lo que me dices? Si. Le respondí, porque, te vas a convertir en un fantasma que deambula en la ciudad tratando de hacer cosas que nunca has hecho. En cambio, nadie conoce mejor el quechua y la historia del Qosqo, que tú. No pierdas el tiempo nombrando burócratas que te van a traicionar. Sentí, que acepto mi sugerencia a regañadientes y me pidió empezar a trabajar juntos a partir de febrero, pero no pude retornar de Lima y la locura de la cuarentena nos aíslo en un mundo de dolor e incertidumbre. Me entere que Ricardo estaba enfermo, pero que no era de gravedad.

La política, la responsabilidad por hacer cosas mato a Ricardo Valderrama, porque se contagió en su condición de alcalde. Él, es un héroe incomprendido, porque en su afán de servir al Cusco encontró la muerte combatiendo como un guerrero, se fue con honor. Yo, he sido testigo en sus clases de la pasión por la cultura, la tierra, el campesino marginado, la universidad y la facultad de Ciencias Sociales. No hay palabras, para rendir homenaje a esta figura de la cultural que nos deja una gran lección de civismo y de verdadero amor por su tierra.

El grito de los sicofantes, mercenarios, agoreros del mal no podrán borrar el recuerdo de sus alumnos, colegas y de todos aquellos que lo conocieron y lo querían. El fantasma de Ricardo Valderrama recorrerá el Cusco y solo podrá descansar cuando esta ciudad sagrada vuelva a recuperar el resplandor de su historia.